Si no se actúa pronto y bien, se pueden perder otros 2 millones de empleos

29 enero 2009 at 12:14 Deja un comentario

Entre 1977 y 1985, la economía española creció una media de 1,3% anual. Paralelamente, cerca de 1,5 millones de personas perdieron su empleo, lo que equivalió a un descenso de 12% en el número de personas ocupadas. La tasa de paro pasó, en números gruesos, de 5% al 20%. Esa durísima etapa de “transición económica” fue el fruto del estancamiento de la productividad (producción por persona ocupada), a su vez derivado de la falta de reformas durante los años previos.

La economía, nos guste o no, siempre se sale con la suya. En aquellos años, como la economía nacional carecía de la flexibilidad necesaria (por exceso de regulaciones, intervencionismo desproporcionado, atraso tecnológico, falta de capital humano, etc.) para adaptarse a un entorno cambiante, tuvo que adaptarse de la forma brutal arriba sintetizada. Aquella masiva destrucción de empleo permitió un salto en la productividad de casi 30%, que fue la base sobre la cual la economía se preparó para ingresar en la UE (entonces, CEE) y expandirse en los años subsiguientes.

Aunque resulte sorprendente, la producción por persona ocupada en términos reales (es decir, descontando la inflación), es ahora prácticamente igual que en 1993. A pesar de la tímida mejora observada desde finales de 2006, todavía queda un largo trecho para recuperar la productividad de 1995 (sí, hace 14 años atrás), que marcó el máximo histórico.

El lector atento ya habrá descubierto adónde voy: estamos corriendo el riesgo, otra vez, de corregir los males de la economía de forma innecesariamente cruel. En rigor, ya lo estamos haciendo: la tasa de paro trepó de 8% al 14%.

A mediados de 2007 se alcanzó el mayor número de personas ocupadas, con 20,5 millones. Si se repitiera la experiencia de 1977-1985, se deberían perder alrededor de 2,5 millones de puestos de trabajo (es decir, cerca del 12% de la población ocupada). Hasta ahora se han perdido “sólo” unos 600.000 empleos.

La comparación no es caprichosa. Y aunque lo que se ve desde esta perspectiva es socialmente aterrador, no es ni mucho menos “catastrofista” (menos aún, “antipatriota”). El PIB actual, producido por 18 millones de personas ocupadas (en lugar de casi 20 millones), supondría un aumento de la productividad de 14%, pero que apenas dejaría esta variable 8% por encima del nivel que tuvo en 1995. En otras palabras, casi la mitad de esa mejora sería para recuperar la productividad perdida durante los años anteriores.

Entre 1995 y 2008, países como Francia, Alemania e incluso Portugal, incrementaron su productividad a un ritmo medio anual cercano al 1%. Reino Unido, lo hizo más de 1,5% anual. La mejora hipotética del párrafo anterior dejaría a España con una tímida ganancia anual media para dicho período de 0,5%, apenas mejor que los raquíticos registros italianos.

¿Es imprescindible que mejore la productividad? Sí, porque es la variable última que permite un aumento sostenible del nivel de vida. ¿Cómo se explica, entonces, la “bonanza” de los años anteriores? Por el endeudamiento excesivo en el que incurrieron familias y empresas, con la complicidad del Gobierno. ¿Es ineludible que se pierdan 2 millones más de empleos para recuperar la productividad? No. Entonces, ¿cómo se podría hacer? Haciendo lo que no se hizo en los ’70, y lo que ahora ni el Gobierno ni la oposición atinan a sugerir: un plan audaz de reformas estructurales que destrabe la creación de riqueza.

He aquí algunos ejemplos, haciendo abstracción de los diferentes niveles de la administración que están implicados: liberalización total de los horarios comerciales, desregulación de sectores cautivos (farmacias, etc.), reforma laboral integral (según el Banco Mundial, España “goza” hoy de uno de los regímenes laborales más rígidos del mundo, sólo superado por países como Venezuela y Bolivia; no se trata de “desproteger” a nadie, sino de equiparar la ley española a la de nuestros vecinos) y eliminación de todas las exenciones al IVA (inicialmente con una alícuota reducida) para financiar una rebaja de al menos 5 puntos en el Impuesto de Sociedades. Es obvio que deberían recortarse gastos inútiles para apoyar en serio a quienes están desocupados (sólo 2 de cada 3 de ellos cobran el paro).

La economía puede observarse desde una perspectiva u otra, puede entenderse o no, amarse u odiarse. Pero es torpe desentenderse de ella porque, como ya dije, siempre se sale con la suya. Hay algo seguro: la productividad se va a recuperar o va a caer nuestro nivel de vida (nadie nos prestará dinero por siempre). Ahora es el Gobierno el que debe decidir cuánto más vamos a sufrir los españoles, y si lo haremos con algún sentido o sin él.

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La manía de querer pasar a la historia

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