El futuro de las pensiones: unas líneas para quienes no entienden que hay que hacer algo ya

9 febrero 2010 at 17:06 Deja un comentario

Es conocido el fenómeno demográfico denominado “envejecimiento de la población” que viene desarrollándose en Europa y otras regiones del mundo. El mismo se debe a la acción simultánea del aumento de la expectativa de vida y del menor número de hijos por mujer.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que entre 1991 y 2007 la esperanza de vida al nacer pasó de 77 a 81 años. Eso implica un incremento medio de casi 3 meses por año. En el caso de las mujeres, la esperanza de vida es de 84 años (clic sobre la imagen para ver más grande).

Al mismo tiempo, el número de hijos por mujer disminuyó desde 2,8 a finales de los ’70 hasta 1,2 entre 1994 y 2001. Desde entonces se recuperó levemente, para ubicarse en el actual 1,5. No obstante, esto implica un gradual descenso de la población, ya que para que la misma se mantenga estable cada mujer debería tener un promedio de 2,1 hijos (clic sobre la imagen para ver más grande).

Aunque estos fenómenos, insistimos, son conocidos, sus consecuencias aún no se han manifestado en plenitud. ¿Cuáles son esas consecuencias?

La más importante es el crecimiento de la relación entre el número de personas mayores de 65 años y aquellas en edad de trabajar (los que tienen entre 15 y 64 años). Esa relación es llamada “ratio de dependencia”, dado que los ingresos de los mayores “dependen” del trabajo de los más jóvenes. Dicha relación es ahora en nuestro país de algo menos de 25%, lo que significa que, por cada persona mayor de 65 años hay unas cuatro en edad de trabajar. La Comisión Europea estima que la misma crecerá para llegar a 30% en 2025 (casi un mayor de 65 cada 3 en edad de trabajar), 46% en 2040 (casi 1 cada 2) y 60% de 2050 en adelante (3 mayores cada 5 en edad de trabajar).

La mayor proporción de ancianos tiene repercusiones directas en el gasto que hacen los gobiernos en pensiones, salud, ayudas, etc. Al mismo tiempo, por ejemplo, la menor proporción de niños reduce las necesidades presupuestarias en educación. El efecto neto sobre las cuentas públicas del “envejecimiento de la población” es claramente negativo. Para el caso español, la Comisión Europea prevé un aumento medio anual acumulativo de no menos de 1.900 millones de euros (en valores constantes) entre 2010 y 2060. Ese aumento sería algo más lento al principio y más veloz después, totalizando una necesidad de gasto adicional equivalente a 9% del PIB (unos 95.000 millones de euros a valores actuales), pero que podría superar el 11%.

Más fácilmente, lo que indican las previsiones oficiales es que, de mantenerse la legislación y las políticas actuales, el gasto público crecería de forma exponencial, aún bajo supuestos macroeconómicos favorables. Si la presión fiscal se mantuviera constante (como proporción del PIB), sería necesario financiar el gasto con deuda pública. En ese caso, la deuda pública, que en 2010 superará el 60% del PIB (es decir, más de lo que permite el Pacto de Estabilidad), crecería hasta 111% en 2020, 320% en 2040 y más de 500% en 2050. Por supuesto que se trata apenas de escenarios teóricos, pues es inimaginable que hubiera gente dispuesta a comprar títulos públicos si el endeudamiento alcanzara tales niveles. Mucho menos si esa misma necesidad de emitir deuda pública es compartida al mismo tiempo por varios países (clic sobre la imagen para ver en mayor tamaño).

En este marco, el sistema de pensiones adquiere una importancia capital, pues tres cuartas partes de ese mayor gasto se originaría en el mismo. Si el sistema de pensiones español se mantuviera sin cambios, el cumplimiento de las obligaciones del Estado derivadas del mismo exigiría el incremento de la deuda pública a un ritmo medio de 10% del PIB cada año, desde hoy hasta 2060.

Cualquier persona, con formación o no, incluso analfabeta, sería capaz de comprender la necesidad urgente de evitar la catástrofe financiera y social que significaría dejar el sistema de pensiones (y la seguridad social en general) tal cual existe ahora. Para diseñar una reforma hay muchas alternativas, que a su vez pueden aplicarse de forma más o menos gradual. Intentaré referirme a esas alternativas en un próximo artículo.

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