Televisión Española nos cuesta 100 millones de euros por mes; cómo resolver el problema

22 octubre 2010 at 14:00 Deja un comentario

Gracias a una poco feliz decisión del gobierno de Zapatero, Televisión Española (RTVE) dejó de financiarse mediante ingresos por publicidad. En su lugar, la totalidad de las actividades de la emisora se financian con cargo a los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Así, el coste de la Corporación RTVE, según los PGE para el año próximo, es de unos 100 millones de euros por mes.

Cualquier persona con voluntad de gestionar con eficacia los recursos públicos coincidirá en que la España actual (la España “de Zapatero”) no está en condiciones de sufragar ese coste. No es justo ni eficiente congelar las pensiones o recortar el salario de los funcionarios públicos para, entre otras cosas, pagar la emisión de partidos de la Champions League. En términos más generales, no parece razonable que la televisión pública consuma semejante cantidad de recursos (que derivan en el aumento de la deuda pública) para hacer programas de similar calidad y contenido que los que realiza el sector privado a coste cero para las arcas públicas.

Insisto: un gestor racional coincidiría en que Corporación RTVE no debería continuar en su forma actual ni un día más. ¿Qué alternativas se abren? Se me ocurren cuatro:

1. Dejar las cosas como están: esta es la alternativa normalmente preferida por el gobierno de Zapatero (excepto que lo presionen del exterior), y es justamente la peor.

2. Liquidar RTVE: esta opción, que sería algo así como “cortar el problema de raíz”, tampoco parece la más razonable. Más allá de que políticamente sería difícil de poner en práctica, hay un acervo de conocimientos y equipos de profesionales válidos que quedarían inutilizados.

3. Privatizar RTVE: esta tercera alternativa no sería viable sin antes adelgazar la estructura elefantiásica que adquirió con el tiempo RTVE (los gastos en personal, por ejemplo, son de 390 millones de euros al año). Es decir que conllevaría la liquidación parcial de la emisora, con el inconveniente antes apuntado.

4. Convertir la Corporación RTVE en una Fundación privada de carácter cultural sin fines de lucro: esta posibilidad no elimina la necesidad de racionalizar la estructura de RTVE. Sin embargo, a diferencia de lo que sería una racionalización que apuntara  a una privatización (que debería estar guiada por la maximización de la rentabilidad), en este caso se trataría de optimizar la calidad. Al no buscar competir con la televisión privada, podría prescindirse, por ejemplo, de las costosas “estrellas” que animan los programas de “entretenimiento”, así como de los derechos de televisación de partidos de fútbol. El único sentido que tendría mantener en marcha RTVE es dar espacio en radio y televisión a manifestaciones artísticas, culturales, deportivas y científicas que aún siendo valiosas no lo tienen en los medios privados. Sería algo así como trasladar la tarea de “Radio 3” a la televisión.

Una RTVE convertida en Fundación privada de carácter cultural, sin fines de lucro, cuyas tareas específicas podrían establecerse en los estatutos, quedaría facultada para conseguir ingresos del modo que estime más conveniente: publicidad, auspicios, endeudamiento. Incluso, podría recibir un subsidio limitado (¿10 millones/mes?) por parte del Estado. La actual deuda del ente quedaría a cargo del Estado, pues de lo contrario la nueva RTVE nacería muerta.

Las ventajas de esta propuesta serían múltiples. Se ahorraría un dinero que el Estado en rigor no tiene, se simplificaría la estructura del Estado y se recortaría (idealmente se eliminaría) la influencia del gobierno en los contenidos (una tentación inevitable para cualquier gobierno). Además, la calidad de la programación debería tender a mejorar.

Instintivamente, muchos reaccionarán negativamente a esta propuesta. Después de toda una vida con RTVE, es probable que muchos crean que es razonable que el Estado disponga de cadenas de radio y televisión. A poco de pensar, advertirán que no lo es. ¿Por qué sí tiene que tener una televisión y no un periódico? ¿Por qué sí una radio y no una editorial o una compañía discográfica?

La idea de escindir organismos del Estado para convertirlos en Fundaciones privadas sin fines de lucro puede trasladarse fácilmente y con parecidos beneficios, a otros casos, como organismos autónomos como el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS; costo anual de 9 millones de euros) o el Museo del Prado (costo anual de 48 millones de euros), y algunas de las 79 sociedades mercantiles y entidades públicas empresariales (por ejemplo, Red.es, cuyo costo es de 114 millones de euros anuales)

Como es fácil advertir, es mucho lo que se puede hacer para aprovechar mejor los recursos del Estado. Tiendo a pensar que es precisamente la enorme cantidad de cambios que se necesitan para remover ideas y estructuras caducas la principal razón para ser optimistas con el futuro de España.

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