Los perjuicios de la falta de formación económica del español medio

14 marzo 2011 at 19:02 Deja un comentario

Sólo una ínfima parte de la población ha estudiado medicina. Como tener conocimientos médicos básicos favorece una vida mejor, los gobiernos difunden continuamente algunas nociones para suplir ese déficit formativo: “coma fruta y verdura”, “haga ejercicio”, etc. Luego, cada uno decidirá libremente qué hacer. Pero el gordo, el que lleva una vida sedentaria, el que fuma y el que abusa de las grasas y el alcohol, entre otros, saben que están asumiendo un riesgo que en algún momento puede pasarles factura.

Una fracción aún menor de la población ha estudiado economía política. A pesar de que vivimos inmersos en un sistema económico (todos somos, como mínimo, consumidores), no hay campañas análogas que expliquen las bases que hacen a un buen funcionamiento de la economía. Pese a que todo el tiempo estamos tomando decisiones económicas (ahorramos, compramos a crédito o en efectivo, miramos dónde están los mejores precios, etc.), en esencia, se trata de una acción casi instintiva, como quien come cuando tiene hambre.

Razones históricas y culturales hacen que algunos países conozcan, al menos de modo parcial, qué cosa es buena para la economía y qué cosa no. Por ejemplo, EE.UU. y Reino Unido mantienen un instinto favorable hacia el libre comercio, más allá de las excepciones que en la práctica se observan. Argentina, Brasil e incluso Alemania, entre otros, son países donde la experiencia hiperinflacionaria hace que incluso la gente común sepa lo dañina que es la inflación. En Europa del Este saben mejor que en ningún otro sitio los perjuicios que trae una desmedida injerencia del Estado en asuntos económicos.

El caso español es diferente. España no tuvo hiperinflación, ni una Gran Depresión, no lideró la Revolución Industrial ni tampoco experimentó el comunismo. Sí ha habido momentos de pobreza y privaciones (como en la Guerra Civil), pero fueron penurias de raíz política y no económica. La tradición cultural católica está sin dudas detrás de la asimilación de determinadas actitudes vigentes, como el rechazo a la ganancia “excesiva” o la desconfianza hacia la gran empresa. Sobre esa base, ya en nuestros días, el gobierno de Rodríguez Zapatero ha hecho todo a su alcance para confundir aún más a la población, llamando, por ejemplo, a ahorrar y a consumir al mismo tiempo (tampoco es algo que pueda sorprender: ya en 2004, antes de ser elegido presidente, Zapatero dijo que la economía no le interesaba, a lo que su entonces asesor Jordi Sevilla respondió que en “dos tardes” le podría explicar lo necesario).

Dos artículos que leí pocos días atrás, y la reacción de los lectores (me refiero a los comentarios que dejaron en Internet), me hicieron advertir que el desconocimiento de cuestiones básicas de economía está más extendido de lo que creía. En el primero de ellos, publicado en El Mundo (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/25/economia/1298637569.html), el periodista destacaba con tono crítico las ganancias de las grandes empresas españolas a pesar de la crisis económica. Los lectores vieron en esas ganancias, entre otras cosas, la ratificación de la vocación “explotadora” de la gran empresa y la explicación de por qué la economía española está postrada. Uno llegó a sugerir que si las empresas ganaran menos, habría más empleo.

En un segundo artículo, ahora en el ABC (http://www.abc.es/20110304/economia/abci-trichet-subida-201103041044.html), se comentaba el incremento del Euribor a raíz de las palabras del Sr. Trichet, presidente del BCE, que sugerían una inminente subida en los tipos de interés. En este caso, los comentarios describían al Sr. Trichet poco menos que como un sádico deseoso de aumentar el sufrimiento popular. Algunos decían que había que exigir su dimisión, incluso apelando a movilizaciones.

No puede culparse a los lectores de sus opiniones cuando el propio periodismo genera confusión y alarmismo, aún en medios de prestigio. En el caso del artículo de El Mundo, el periodista debería saber que, dado un marco jurídico, la razón de ser de las empresas es ganar dinero. Y que ese dinero origina enormes recursos al Estado a través del Impuesto de Sociedades. En el caso particular español, el articulista omitió mencionar que el grueso de las ganancias de las grandes empresas, ninguna de las cuales es un monopolio, proviene de fuera de España. Es decir que el enfoque del artículo carecía de sentido. El caso de Telefónica muestra lo tendencioso del artículo. Por ejemplo, no se menciona que, si se excluyen los resultados extraordinarios, las ganancias crecieron 3% y no 31%.

Del mismo modo, el periodista del ABC parece desconocer que la obligación legal del BCE es mantener la estabilidad de precios a través del movimiento de los tipos de interés. No hubiera estado de más recordar que los tipos de interés del 1% son una anormalidad y que, de hecho son los más bajos que ha tenido el BCE en su historia. Un conocimiento económico básico hubiera servido para recordar que es insostenible una situación como la actual, con tipos de interés inferiores a la inflación.

El no conocer los rudimentos de la economía no es apenas una carencia formativa. La falta de formación económica, agravada por la inadecuada cobertura periodística de estos temas (los dos mencionados son ejemplos puntuales que podrían extenderse a muchos otros medios), deriva en que la ciudadanía acaba demandando a sus políticos medidas perjudiciales y/o incompatibles (por ejemplo, pedir más subsidios y ayudas, pero sin aumentar los impuestos ni el endeudamiento). Del mismo modo, una medida irresponsable o demagógica, puede ser interpretada como razonable (los 400 euros prometidos por Zapatero en la campaña electoral de 2008 son un buen ejemplo).

A pesar de Zapatero y sus ministros, la crisis económica, en algún momento será superada. Cuando un equipo sensato tome las riendas de la economía, España volverá a crecer y a generar empleo. Cuando ese momento llegue, no estaría mal que se buscara la forma de que la gente comprendiera, por caso, el papel del banco central, la importancia de una política fiscal prudente o las ventajas de quitar trabas a la inversión. Mucho antes, quienes informan y opinan sobre estas cuestiones en medios masivos deberían preguntarse si cuentan con los conocimientos necesarios para ello.

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