El Estado del Malestar, creación del socialismo

9 mayo 2011 at 15:06 Deja un comentario

En la campaña electoral que acaba de iniciarse, los candidatos del PSOE han repetido machaconamente frases como “somos los garantes del Estado del Bienestar”, “la ‘derecha’ va a privatizar el Estado del Bienestar”, “nunca como ahora ha habido tanta protección social”, etc.

Todos dan por sobreentendido el significado de “Estado del Bienestar”, aunque hacen mal en hacerlo, ya que lo que entienden unos y otros por ese concepto es bien diferente. Para el socialismo, el Estado del Bienestar parece ser apenas la oportunidad de repartir dinero público, tanto si el destinatario lo necesita como si no, con la esperanza de captar y/o mantener su voto. Para mi (y casi con seguridad el grueso de los españoles), en cambio, el Estado del Bienestar vendría a ser el conjunto de mecanismos de que debe disponer el Estado para ayudar a remediar situaciones de pobreza extrema, así como para asistir a aquellos que atraviesen dificultades y no puedan valerse por sí mismos (enfermos, ancianos, huérfanos y parados, como ejemplos típicos).

Para el socialismo, forma parte del Estado del Bienestar regalar 2.500 euros a cualquiera que tuviera un hijo, sin importar si esa cifra era apenas una fracción del ingreso del receptor. Para mí, en caso de querer apoyar a la institución familiar, sería mucho más sensato ampliar la deducción por hijo en el IRPF.

Para el socialismo, el Estado del Bienestar incluye regalar 1.200 euros para hacer un curso de idiomas en el exterior, tal como hizo Zapatero en 2007, e incluso prometer la multiplicación de la “ayuda”, sin importar la calidad del curso ni los méritos del becado. Para cualquier gestor prudente, lo razonable es fomentar el estudio según el mérito del estudiante, priorizando a aquellos que no cuenten con medios económicos suficientes.

Para el socialismo, es parte del Estado del Bienestar aprobar la Ley de Dependencia, más allá de que en los términos actuales resulta imposible de financiar y compromete la estabilidad futura de las cuentas públicas (esa es la razón de las demoras en ponerla en práctica). Una vez más, cualquier administrador responsable coincidirá en que lo lógico no es lo que ha hecho Zapatero (prometer ayudas que tardan años en recibirse), sino aprobar un programa restringido, dirigido a los casos más urgentes, e ir ampliándolo según las posibilidades del presupuesto.

Para el socialismo, congelar las pensiones y recortar los salarios de los funcionarios se incluye dentro de su particular concepto de “Bienestar”. Los demás, coincidimos en que lo más sensato es evitar el despilfarro que conduce a las urgencias presupuestarias que llevan a cometer esas injusticias (además, ineficientes, pues se castiga más a los funcionarios con mayor capacitación y responsabilidad).

Para el socialismo, es plausible congratularse por el alto número de personas que cobra una prestación por desempleo. Para cualquier otra persona, lo racional es practicar una política económica que fomente la creación de empresas y de puestos de trabajo, en lugar de haber multiplicado el déficit y la deuda públicas, y de haber paralizado durante años las reformas de las que ahora tanto habla (pero poco hace).

El socialismo, en suma, más allá de sus estudiadas palabras (¿serán socialistas todos los expertos en marketing?), es una máquina de crear malestar social. Tal fue el resultado de la gestión de Felipe González, que dejó su cargo con 3,3 millones de parados, frente a los 2 millones que había cuando comenzó su tarea. El experimento se ha repetido con Zapatero (aunque con tantos agravantes que la tarea de Felipe casi parece buena), bajo cuyo mandato el número de parados más que se duplicó, pasando de 2,3 a 5 millones.

Dada la experiencia histórica de España, que el socialismo se presente como defensor del Estado del “Bienestar” nos dice lo poco inteligentes que sus dirigentes consideran a los electores, y lo débil y acomplejado del liderazgo de la oposición, que parece tener miedo de llamar inepto, demagogo y mentiroso a quien lo es.

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PD: la “ayuda” por nacimiento (“cheque-bebé”) fue eliminada por imposición de la realidad; por el mismo motivo, las becas para estudiar idiomas en el exterior debieron restringirse (cuando habló de “multiplicarlas”, Zapatero olvidó decir que lo haría por un número inferior a uno y tendiente a cero).

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