Por qué Zapatero es un presidente para recordar

29 julio 2011 at 13:49 Deja un comentario

Desde un punto de vista personal, Zapatero es una persona con suerte. Alcanzó el liderazgo del PSOE cuando nadie lo creía una alternativa con probabilidades de éxito. En marzo de 2004, la conmoción social provocada por los repugnantes y aún no del todo aclarados atentados del 11-M lo elevó a la presidencia del gobierno cuando pocos días antes todas las encuestas daban ganador por cómoda diferencia a Rajoy.

Los años han pasado y es evidente que la suerte personal de Zapatero ha significado una desgracia para la inmensa mayoría de españoles. Durante su etapa de gobierno, Zapatero no resolvió ningún problema, agravó los que había y creó otros nuevos. No es necesario abundar en datos que muestren el desastre económico y social que significó su “gestión”. Baste recordar que puso en duda qué es España (“nación de naciones”), que llamó “accidentes mortales” a los atentados terroristas, que alguien en su gobierno dio órdenes a la policía de alertar a los terroristas de su detención (caso “Faisán”) y que prometió “alcanzar a Alemania en 3 o 4 años”. Tal vez anticipaba el triste éxodo de muchos españoles a tierras germanas en busca de un empleo.

Al conocerse la convocatoria de elecciones para el próximo 20 de noviembre, comprendo que la primera reacción sea intentar borrar de nuestra mente todo eso. Realizar una suerte de “borrón y cuenta nueva” a nivel nacional. Aunque lo comprendo, yo no estoy de acuerdo. Por el contrario, lo que le ha pasado a España con Zapatero y los suyos es algo que no se debería olvidar jamás para que no vuelva a repetirse.

Nunca más debería ser posible acceder a la presidencia del gobierno sin contar con ninguna experiencia laboral ni profesional de cierto relieve. Nunca más la sociedad española debería tolerar a un presidente que utilice la mentira como una herramienta de trabajo más (desde el “aprobaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”, hasta el “agotaré la legislatura por responsabilidad”, pasando por el “no hay crisis económica” o el “no hemos hecho recortes”). Nunca más un partido de gobierno debería comportarse como un ejército, sin capacidad para poner en cuestión un liderazgo dañino. Nunca más la ciudadanía, más allá de su ideología política, debería aceptar que bajo el manto del “talante” se esconda el sectarismo (“Educación para la ciudadanía,” “cordón sanitario”, “nos conviene que haya tensión”, “bellacos”, etc.).

Seguramente, a finales de 2002, cuando se montó sobre las protestas por el hundimiento del buque Prestige, Zapatero nunca pensó que aquel eslogan se volvería contra él. Pues así es. Hoy somos casi todos los españoles los que decimos: “Zapatero, nunca mais”.

 

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Los mercados financieros no atacan; se defienden de los malos gobiernos y de los candidatos demagogos ¿Tú crees que otro gobierno hará algo distinto? Yo, sí.

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