Por qué Rubalcaba necesita 100 tardes de economía

12 agosto 2011 at 16:15 Deja un comentario

El pasado 8 de agosto, el candidato del PSOE a la presidencia del gobierno, Sr. Rubalcaba, dijo lo siguiente: “Estoy proponiendo que con carácter urgente, sindicatos y empresarios, en el ámbito de su autonomía, que la tienen, se reúnan para hablar, discutir y acordar una política de rentas que incluya la moderación salarial que garantice competitividad y por tanto empleo, y la moderación de beneficios, en el sentido de que éstos se reinviertan para conseguir empleo.”

Es probable que Rubalcaba sólo haya prestado atención a cómo sonarían sus palabras más que a su contenido real: “creación de empleo”, “moderación de beneficios”, “competitividad”, “hablar” y “acordar”, por ejemplo, son palabras que suenan bien a muchos españoles. Dichas todas juntas, pensaría Rubalcaba, sonarían aún mejor. El problema es que, desde un punto de vista técnico, es difícil cometer más errores en un mismo párrafo. Dejando a un lado lo antiguo (“rancio”, diría el ministro Blanco) de eso de “política de rentas”, que dejó de ser un tema relevante, por inútil, en el debate económico ya en los ’70, merecen hacerse tres comentarios:

1. Lo importante es la eficiencia, no la competitividad. Ya en los ’90, Paul Krugman escribió un libro titulado “Competitividad: una obsesión peligrosa”. Lo que argumentaba Krugman, con toda razón, es que lo importante es el uso eficiente de los recursos, sin importar si la actividad se destina al mercado interno o a la exportación, si se trata de servicios o de manufacturas. La productividad, que se deriva del uso eficiente de los recursos, es lo que permite a una empresa “competir” con éxito en el mercado en que se desempeñe.

2. La moderación salarial no garantiza la competitividad. Una vez más, la clave es la productividad (producción por hora trabajada). Si la productividad es creciente, los salarios reales pueden crecer y la empresa ser más eficiente al mismo tiempo. Ese es el secreto detrás del éxito económico de países como Corea del Sur.
Además, los salarios son sólo una parte de los costos totales. En la España de 2011, el Estado genera muchos otros costes que dificultan la eficiencia productiva en mayor medida que el aumento de los salarios, aún siendo cierto que éstos suben más de lo razonable dado el contexto de híperdesempleo.
Por ejemplo, la prima de riesgo, que eleva el coste del crédito, es responsabilidad directa de la mala gestión de Zapatero y Rubalcaba. Ese mismo dúo es responsable de la legislación laboral que dificulta la contratación temporal (llave que permitió reducir el paro en el pasado), de no haber reducido la burocracia estatal (controles excesivos, duplicidades), de no haber combatido la morosidad de las administraciones con sus proveedores y de haber elevado la carga tributaria, todas cosas que pesan sobre los costos de producción.

3. Si los beneficios se moderan, la reinversión es menor. La razón de ser de las empresas es, dentro del marco legal vigente, ganar el máximo dinero posible. Cuanto más dinero ganan, más impuestos pagan, lo que muestra que esas ganancias no son contrarias al interés general. La misma empresa, por su propia naturaleza, estará interesada en reinvertir sus beneficios en la medida en que haya oportunidades de inversión rentables. Es obvio, excepto para Rubalcaba, que cuanto más elevados sean los beneficios, mayor podría ser la reinversión y la creación de empleo. Es elemental que una empresa que gana poco dinero estará más preocupada por reducir costes que en contratar nuevo personal. La contradicción entre ganancias empresariales y empleo no forma parte de la ciencia económica, sino de la imaginación de muchos dirigentes socialistas españoles.

 

A Zapatero le ofrecieron “dos tardes” de economía, que no aceptó. Tal vez hubiesen bastado, al menos para lo básico, porque Zapatero arrancaba de cero: nunca tuvo ideas económicas. Lo de Rubalcaba podría ser más grave. Antes de explicarle nada, habría que desmontarle los prejuicios que tiene, que son los que le llevan a hacer propuestas insensatas como la que ahora comento y aquella otra de “crear un impuesto para crear empleo”. Para peor, se lo vé convencido: “sé cómo crear empleo”, afirmó. Por eso, quizá, en el caso de Rubalcaba serían necesarias 100 tardes.

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