Reforma constitucional: tope al gasto, sí; límite al déficit, no.

25 agosto 2011 at 13:47 7 comentarios

Los años de Zapatero nos enseñaron que España puede tener gobiernos sumamente ineptos. También nos enseñaron que, cualquiera fueran sus razones, los ciudadanos pueden estar dispuestos a votar dos veces la misma ineptitud. Como nada impide que el futuro vuelva a traernos gobiernos así, va en el interés de los ciudadanos limitar la capacidad de destrucción de potenciales ineptos. Precisamente, las constituciones surgieron como límites al poder del rey y de los gobiernos para proteger a los ciudadanos.

España debate en estos momentos una enmienda a la Constitución para poner un tope al gasto público y/o al déficit fiscal y/o a la deuda pública (por ahora todo es muy impreciso). Que la reforma la proponga el mismo Zapatero, que durante su gestión lleva aumentando la deuda pública a razón de 120 millones de euros por mes (un total de casi 320.000 millones), no es relevante ni es una paradoja: desde que él mismo convirtiera a España en un protectorado alemán, se limita a cumplir órdenes.

Puede parecer exagerado poner una cláusula de este tipo en la Constitución. Sin embargo, se recordará que el mismo Zapatero derogó la Ley de Estabilidad Presupuestaria que regía desde 2003, cuyo objeto era similar a lo que ahora se propone. Además, aún existe el Pacto de Estabilidad del euro, que limita el déficit fiscal al 3% y la deuda pública al 60% del PIB. Es sabido que el Pacto de Estabilidad de papel mojado, ya que sus topes no se han cumplido (Alemania fue el primer gran violador). Dados estos antecedentes, una cláusula constitucional parece lo único capaz de dotar de cierta credibilidad a la propuesta de estabilidad fiscal.

Algunos objetan que esto quitaría “margen de maniobra” a futuros gobiernos. Esse es el propósito de la reforma: fue el amplio margen de maniobra lo que permitió a Zapatero llevar a cabo ocurrencias como el “Plan E” y acumular entre 2009 y 2010 un desequilibrio fiscal más grande que el de los 15 años anteriores juntos (que incluyen la crisis del final del felipismo). Que sea Rubalcaba, coautor junto con Zapatero, Solbes y Salgado de la emergencia nacional que atravesamos, quien más preocupado esté por la “flexibilidad” de la nueva cláusula, refuerza la necesidad de una norma clara y precisa.

Otros temen que las nuevas restricciones fiscales perjudiquen el “estado del bienestar”. El temor es infundado. Lo que pone en peligro el “estado del bienestar” es una política económica que genera desempleo y menor actividad. El congelamiento de las pensiones y los recortes de salarios a funcionarios, por ejemplo, ocurren precisamente en momentos de mayor déficit fiscal, con gran “flexibilidad” para tomar decisiones.

Determinada la utilidad de la propuesta y desestimadas sus principales objeciones, la pregunta es: ¿qué es mejor, limitar el gasto público, el déficit o la deuda?. Sin dudas, el gasto público. Si hay déficit es, por definición, porque hay un gasto excesivo. Y la deuda pública sólo puede crecer si hay déficit. Fue el desborde del gasto público lo que llevó a España donde está. Entre 2003 y 2010, los datos de Eurostat muestran que el gasto total del conjunto de administraciones creció 59%, mientras la inflación fue de 20%. Además, un gobierno que gaste mucho podría tener las cuentas equilibradas si subiera los impuestos, cosa que también terminaría ahogando a la economía.

La mejor alternativa es limitar el aumento del gasto público de todas las administraciones, por ejemplo, al incremento medio real del PIB de los 20 o 25 años anteriores. Esto limitaría su incremento anual a cerca de 2,5% + la inflación prevista. En años de bonanza (entre 1997 y 2007 el PIB creció 3,8% promedio anual), el PIB (y la recaudación de impuestos), crecería más que el gasto público, se acumularían excedentes y la deuda pública caería. Lo opuesto ocurriría en años malos.

De modo automático, la política fiscal tendría un rol moderador del ciclo económico. Ese rol moderador sería mayor si se excluyeran de ese límite los pagos de pensiones y de seguro de desempleo. Además, el límite al crecimiento del gasto evitaría que el sector público siguiera ganando espacio dentro de la economía. Con una regla como la indicada, el gasto público total entre 2003 y 2009 habría sido de unos 65.000 millones de euros inferior y la deuda pública sería casi un 10% inferior de lo que es ahora.

En los últimos 50 años, el PIB creció a un ritmo medio real anual de 3,7%. En los últimos 40 años lo hizo al 2,8% anual. Con todo, podría alegarse que un límite al incremento del gasto público en el entorno de 2,5% (+ inflación) podría ser alto si la economía crece menos durante varios años. Por eso, el tope al aumento del gasto público podría complementarse con un límite a la deuda pública (que no es otra cosa más que los déficit acumulados) o con una cláusula de equilibro presupuestario “estructural” como se hace en Chile (se trata de un cálculo del déficit en base a los ingresos tributarios que corresponden a una economía que crece a su ritmo “potencial”).

Restringir la libertad de acción del gobierno en materia fiscal va en beneficio de la ciudadanía y de las generaciones futuras. La clave radica en limitar el aumento del gasto público, cosa que se puede complementar con salvaguardias referidas a la deuda y/o al déficit públicos. Es posible que algún gran gobierno futuro no pueda desarrollar todo su potencial por estas restricciones. La crisis actual debería hacernos comprender que es un coste que bien merece la pena pagar.

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7 comentarios Add your own

  • 1. Alberto  |  6 septiembre 2011 en 5:32

    Mar, lo que es un invento que acabará explotando es endeudarse cada vez más y más para disfrutar servicios que no podemos pagar. No se trata de pagar las deudas o morirnos. Se trata de que no podemos tener una universidad en cada pueblo, ni un hospital, ni un maravilloso polideportivo de 2 mill de euros en un pueblo de 400 habitantes. Hay que ahorrar de todos los sitios, tambien de los políticos y cargos públicos.

  • 2. Gonzalo Botas  |  3 septiembre 2011 en 21:27

    Estoy con el Doctor Lores, lo que debe limitarse es el gasto, porque ello produce ahorro y evita la hiperexpansion de lo publico, que es la principal causa de la ineficiencia del “estado de bienestar” a través de intervencionismo

  • 3. mar  |  31 agosto 2011 en 22:42

    Hola, también es la primera vez que leo esto. No entiendo economía, salvo lo que me dicta el sentido comun y la experiencia. Teorizar es imprescindible y entiendo que la economía sea una disciplina del saber… Una pregunta ¿no es un suicidio pagar las deudas antes que alimentarse o curarse? Eso es lo que entiendo que se pretende hacer. Los estados recurren a deuda pública hace mucho tiempo ya, para mantener la sociedad, y estamos pagando intereses más el capital recibido, creo, indefinidamente en el tiempo. ¿No es asi? Si, como parece, con la reforma se limita el endeudamiento, por un lado, garantizando el pago prioritario a la deuda en el futuro, pero sin poder dejar de seguir contrayendo deuda, intuyo que el invento explotará ¿o no?

  • 4. Alberto  |  26 agosto 2011 en 9:30

    Hola, es la primera vez que leo este post, y lo seguiré leyendo. Me parece una reflexión interesante. No soy economista, quizá alguien pueda contestarme porque nadie se plantea que la deuda publica de un país deba ser cero. Porque no puede fijarse este objetivo? No entiendo como por ley pueda permitirse que un estado se endeude cada dia mas, con unos presupuestos deficitarios…y todo para pagar unos servicios que a lo mejor no podemos permitirnos. Y mas aún teniendo en cuenta que el dinero se lo pedimos prestado a particulares (mercado de deuda soberana=fondos de inversion privados) que en un momento dado pueden decidir dejar de financiarnos. En realidad si funcionamos como una empresa.

  • 5. miestrado  |  26 agosto 2011 en 8:43

    Gracias Antonio. Dices que tu opinión corresponde al 1º curso de economía, pero ¿de qué escuela? ¿Tú crees de verdad que el aumento del gasto público es una fuente de crecimiento económico? ¿Por qué, entonces, España está en recesión?. ¿No estás confundiendo con las cuentas de una empresa al hablar de beneficios y pérdidas? Con las cuentas públicas no hay pérdida ni beneficio: hay aumento o reducción de la deuda pública. Un saludo,

  • 6. antonio  |  25 agosto 2011 en 17:44

    ¿Tope gasto si, tope deficit no?. Es al reves, hombre. Lo que perjudica no es que se gaste mas, sino que haya perdidas (dificit).Una cosa es minimizar gastos y maximizar ingresos para obtener el máximo beneficio (superavit). Y otra cosa es poner topes a los gastos. Asi no se crece. Es sencillo. 1º curso de economia. Saludos,

  • 7. Juan  |  25 agosto 2011 en 14:25

    Me ha gustado mucho su columna de hoy. Saludos desde Castellón.

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