Recortes y déficit: acerca de los que dicen “defender” la educación y el estado del bienestar

24 octubre 2011 at 16:18 4 comentarios

En la introducción de su libro “A Journey”, Tony Blair dice que, en lo que respecta a las reformas estructurales, todos están de acuerdo en general, pero no en lo particular. Aunque la mayoría se dice “reformista”, nadie quiere que se reforme aquello que lo afectaría directamente. Algo similar ocurre con el gasto público en España.

Cualquiera con un poco de objetividad y buen sentido entiende que el gasto público (nacional, autonómico y local) es excesivo. Si bien algunos apelan a comparaciones con Alemania y Francia para decir que el gasto público español no es elevado, lo cierto es que su nivel actual no puede financiarse. Somos un país empobrecido por la pésima gestión de Zapatero y Rubalcaba. El gasto público debe adecuarse a una nueva realidad, que por otra parte es lo que está haciendo el sector privado desde hace años.

A pesar de ello, los primeros ajustes de gasto público que se van anunciando (digo “primeros” porque deben venir muchos más) son criticados bajo distintos argumentos, como por ejemplo:

– No se puede recortar en educación porque “nos jugamos el futuro”, porque “es una inversión y no un gasto”, etc.

– No se puede recortar en sanidad porque es una herramienta de “igualdad e inclusión social” y porque es “atacar a los más débiles”;

– No se puede recortar en ayudas sociales (como la renta de emancipación) porque la crisis se haría más profunda y crecería la desigualdad social;

– No se puede recortar en televisiones autonómicas porque es “atacar el pluralismo”;

– Tampoco se puede recortar en ayudas y subvenciones al teatro, el cine y otras manifestaciones culturales porque “sin cultura perdemos sentido como sociedad”.

Podría seguir hasta cubrir todas las competencias de todos los ministerios y consejerías. El hecho es que, aunque la inmensa mayoría comprende que es necesario ajustar el gasto público a la realidad, nadie quiere aceptar un recorte que lo afecte de manera directa. Para disfrazar la defensa de su interés particular con el ropaje del interés general, los críticos de los recortes dicen cosas como que “primero hay que recortar el gasto político” y que “los ricos tienen que poner el hombro”.

Es evidente que hay que reducir la estructura de las administraciones públicas, comenzando por los ayuntamientos (frente a los 8.084 actuales sería suficiente con poco más de 2.000; mirad el artículo del 18 de agosto de este mismo blog). Pero eso no sería suficiente para equilibrar las cuentas. Tampoco alcanzaría un “impuesto a los ricos”, con el agravante de que sí reduciría la inversión y el consumo, agravando aún más la situación.

Como en toda familia o empresa cuyos ingresos se han reducido y/o que se ha endeudado más de la cuenta, lo sensato es gastar menos. Y en ese sentido, lo razonable es comenzar suprimiendo los gastos que no tengan que ver con las funciones esenciales de las administraciones. Y seguir, por qué no, eliminando todo derroche en cualquier área.

¿Alguien se atreve a afirmar que todo el gasto en educación y salud se realiza de modo óptimo? ¿No es cierto que ha habido un localismo excesivo, ejemplificado en la proliferación de aeropuertos y universidades, que en verdad no eran imprescindibles? ¿No se ahorrarían millones promoviendo la fusión de todas las policías locales es una única policía por cada autonomía? ¿No es un sinsentido gastar 700 millones de euros anuales en una “renta de emancipación” para unos jóvenes, cuando al mismo tiempo se congelan pensiones y hay parados sin prestación por desempleo?.

En la situación de emergencia nacional en que deja a España el socialismo, lo que debe prevalecer es el interés general. Y en este momento, va en el interés general la reducción del gasto público y del tamaño de la administración. Cuando el próximo gobierno dé pasos en ese sentido (no queda otra alternativa), habrá una interminable sucesión de “indignados”, huelgas y manifestaciones para intentar impedirlo (lo que ocurre en Madrid es sólo un aperitivo). Sepa el lector que las mismas nada tendrán que ver con la “defensa” de la educación, del estado del bienestar, ni nada por el estilo. Serán apenas intentos de preservar intereses y privilegios particulares a costa del resto de la sociedad. Una forma encubierta de decir: “que recorten a otros, pero no a mí”.

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4 comentarios Add your own

  • 1. nicolás  |  16 noviembre 2011 en 19:05

    De acuerdo con todos ustedes. Además hemos de tener en cuenta que nuestra opinión, sustentada en la buena fe, olvida el abuso, hurto, robo, malversación que, a manos llenas, cientos de personas que se dicen “en la política” o que detentan un cargo público, perpetran de continuo. Si fuésemos capaces de evitar esa “sangría” de millones de euros “desviados” del verdadero fin a que fueron destinados, no estaríamos hablando de esto o, al menos, no sería tan grave. Se trata de una cuestión moral. Impera esa estúpida norma, no escrita, de que el que no roba es porque no sabe o no tiene dónde. Y eso sólo puede solventarse “educando”. Varias generaciones han sido “educadas” en “esos valores negativos”, esos desvalores que se nos aparecen hoy inamovibles. Sólo ahí está el principio de la solución.

  • 2. Raúl  |  15 noviembre 2011 en 15:10

    Algunos pensaran que es una barbaridad, pero yo creo que es más bien un tema a reflexionar. Cuando se habla de apoyos en educación se obvia que muchas veces lo que se está haciendo es malgastar el dinero, ya que muchas veces lo que ocurre con los niños o chavales “apoyados” que se sacan de las clases es que la responsabilidad sobre ellos se diluye entre el tutor y el profesor que los saca. Como el niño ya sale a apoyo o desdoble,el tutor se evita tener la responsabilidad total sobre su avance, con lo cual se dedica más a los otros alumnos que dan menos trabajo. Antes no había tanto “apoyo” y los resultados, incluso de estos niños con necesidades, eran mejores.
    No estoy hablando de niños con problemas serios de aprendizaje o de incapacidad, que deben seguir siendo tratados por especialistas, pero sí sé que hay muchos casos en los que si el profesor tutor trabajara y se implicara más sería hasta mejor que no se les sacara del aula. Hay veces que, cuando están trabajando con eficacia en el aula, llegan los profesores de “apoyo” y les sacan, entorpeciendo incluso su avance. Esto es muy poco políticamente correcto decirlo, pero alguien tendría que hacerlo.Creo sinceramente que se están derrochando recursos en este capítulo, contra todo lo que puede parecer.
    Si existiera una inspección seria y bien preparada que cumpliera su objetivo de inspeccionar estos casos y ver de qué forma se puede tratar de manera eficaz a estos niños y qué niños se pueden tratar en el aula por el tutor preferentemente y cuáles es necesario de verdad apoyar, no se malgastaría el dinero público y hasta se conseguirían mayores logros.

  • 3. XaviCT  |  28 octubre 2011 en 12:55

    Sólo comentaré una parte del artículo, o más bien expresaré mi opinión sobre él.

    Quien diga que le preocupa la educación en España enfundado en una camiseta verde, simplemente miente. España está en 2º, tercer lugar a veces, en la lista que anualmente publica Europa en cuanto a nivel de educación, pero empezando por abajo claro, en cuanto a nivel de abandonos de la enseñanza, ocurre igual, incluso Letonia tiene menor índice de abandono escolar.

    ¿Alguien recuerda alguna manifestación del sector educativo por defender una mejora de la enseñanza en los últimos 7 años? ¿alguien recuerda algún sindicato de pandereta manifestandose en Andalucía por aplicar varios meses antes exactamente lo mismo que ha hecho ahora Esperanza en Madrid?
    ¿No da cierto tufo sindical a manifestarse cada vez que la derecha tose?
    ¿No parece que el profesorado “sindical” teme a trabajar un poco más? Y si no, vuelvo a lo mismo, igual que somos libres para manifestarnos, lo somos para abandonar nuestro puesto de trabajo si no nos gusta.

    Si los sindicatos educativos conocieran la vergüenza, el ahorro que suponen las medidas educacionales, lo podrían compensar renunciando a parte de sus subvenciones evitando dichos recortes, y aún les quedaria dinero para seguir financiando cursos de formación con 5 alumnos en pueblos perdidos con profesores que llegan tarde e inspectores que nunca comprueban las actividades formativas realizadas…bueno, a lo mejor les llega el “papel” con un nombre, un DNI y una firma que jamas verificarán.

    Hay mucho tongo señores.

  • 4. José Antonio  |  25 octubre 2011 en 10:32

    Considero equivocado del todo este artículo. Para empezar no estoy de acuerdo con Tony Blair, el acuerdo en lo general tampoco existe. No estoy de acuerdo en la necesidad incuestionable de recortar el gasto publico, que en definitiva está siendo estúpidamente culpado de la situación económica actual. Sin duda el despilfarro publico ha existido, y en muchos casos la irresponsabilidad de los gestores de lo público ha sido directamente criminal, y bien haremos en racionalizar el gasto, y sobre todo en controlar y responsabilizar en cada caso de cada cuenta a pagar. Pero recordemos que en este país todos estamos endeudados, particulares, empresas, y los que menos las entidades publicas. El problema es mucho más profundo, mucho más relacionado con las estructuras básicas de nuestra economia, a nivel nacional particularmente, pero de forma mucho más importante a nivel mundial. Muchos pensamos que el sistema no funciona y debe ser cambiado, y recortar en lo publico no es más que poner paños calientes, en lo que se refiere a la situacion economica actual, y posiblemente poco recomendable a la larga. La gran complejidad de las estructuras sociales actuales nos obliga ha hacer muchisimas cosas en conjunto, estamos abocados a una sociedad menos “egoista-competitiva” y más cooperativa. Posiblemente el gasto público deba ser aumentado, se debe ahondar mas que nunca en la protección social y en los servicios públicos, no creo que sobrevivamos como sociedad yendo por el camino contrario. Considero particularmente inmoral negar una educacion y sanidad de igual calidad hasta el ultimo de los ciudadanos. Dar a cada uno solo la sanidad o la educación que buenamente se pueda pagar es profundamente injusto. Muchos no compramos ese eslogan de tanto tienes tanto vales, y esa idea que subyace, de que al fin y al cabo en esta sociedad todo el mundo tiene lo que se merece, que el dinero esta repartido de acuerdo con los méritos que cada cual tiene, y en definitiva todo es aproximadamente justo. Todo eso es profundamente mentira y nada tiene que ver con la realidad intrinsicamente injusta de nuestra sociedad. Esos gastos públicos que ahora se atacan como si fuesen una carga insoportable son en realidad lo que principalmente nos da derechos y nos iguala en cierta forma, y esas igualdad es una aspiración absolutamente fundamental en la idea de democracia. Defendamos la democracia, y el gasto publico.

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