A 10 años del “corralito”: qué fue y qué no fue

30 noviembre 2011 at 16:32 3 comentarios

El “corralito” financiero que se puso en práctica en Argentina hace ahora diez años es una de las medidas más famosas de política económica y a la vez menos comprendidas. No es casualidad: la intención de culpar a otros por los desastres que se hicieron después, y el estado de indefensión en que quedó el entonces ministro de Economía Domingo F. Cavallo facilitaron que a él y al “corralito” se los acusara de lo que no hicieron.

Aclaremos qué fue el “corralito”. A finales de 2001 el gobierno argentino había perdido la capacidad de financiarse en el exterior, lo que llevó a poner en práctica el plan “déficit cero”, con duras medidas, tales como el recorte de un 13% de las pensiones y de los salarios de los funcionarios. La esencia de la desconfianza (que se traducía en un diferencial de cerca de 30 puntos porcentuales entre el rendimiento de los bonos de los gobiernos argentino y norteamericano) era que la deuda pública había alcanzado una dinámica que se juzgaba insostenible. Por eso, al mismo tiempo que las medidas de austeridad, el ministro Cavallo ideó un canje de los títulos de la deuda pública por otros nuevos que, al tener prioridad de cobro sobre otras acreencias públicas (serían “préstamos garantizados”), permitirían una drástica reducción del pago de intereses. Así, las cuentas públicas podrían equilibrarse, la confianza restaurarse e incluso eliminarse las medidas de austeridad más duras.

El canje tenía dos etapas: la nacional y la internacional. La primera se había completado en noviembre de 2001, gracias a la aceptación masiva de bancos y fondos de pensiones argentinos (las AFJP que luego eliminarían los Kirchner). Sin embargo, la desconfianza no remitía y los bancos sufrían un permanente retiro de depósitos. Fue entonces que surgió la idea de imponer un límite temporal al retiro de fondos de los bancos hasta que se completara la segunda fase del canje de títulos públicos. La idea se filtró a la prensa y el 3 de diciembre de 2001 el matutino Ámbito Financiero la publicó en su portada. El retiro se dinero de los bancos se hizo masivo y con el sistema financiero a punto de colapsar, no hubo más alternativa que establecer el “corralito”. Estrictamente, el mismo limitaba apenas por 90 días el retiro de efectivo de los bancos a un máximo de USD 250 dólares por semana. Sin embargo, la disponibilidad del dinero era total mediante tarjetas de crédito, débito y transferencias (es decir, los usos del dinero que lo mantenían dentro del sistema).

Antes de cumplirse un mes de su entrada en vigor, el presidente De la Rúa fue forzado a dimitir por una conjunción de presiones (peronismo bonaerense, radicalismo alfonsinista, etc.). Las nuevas autoridades optaron por revertir la política económica practicada en los años ’90, reversión que dura hasta nuestros días. En lugar de proseguir con el canje voluntario de títulos públicos, los presidentes Rodríguez Saa y Duhalde prefirieron, respectivamente, declarar el país en cesación de pagos y devaluar salvajemente el peso argentino, agravando todos los problemas que pretendían resolver. El “corralito” fue convertido en un “corralón”, una intervención masiva en los contratos privados: se mantuvieron las restricciones al retiro de efectivo (durarían un año, en lugar de los 3 meses inicialmente previstos), los depósitos en dólares fueron convertidos a pesos a un tipo de cambio inferior al de mercado, etc. Deliberadamente, las nuevas autoridades asignaron al “corralito” y al gobierno anterior los males de las medidas por ellos adoptadas.

Argentina estuvo muy cerca de haber resuelto el problema de su deuda pública. Tal vez por eso las presiones para quitar a De la Rúa del poder se aceleraron, ayudados también por la propia torpeza del entonces presidente. Más allá de los intereses locales contrarios a una solución inminente, sean por motivos políticos (para culpar in eternum a Menem y a Cavallo de todos los males de la economía argentina) y económicos (muchos veían en una devaluación y posterior conversión a pesos de sus deudas, la salvación de sus empresas), no puede olvidarse el adverso contexto internacional. El “corralito” se anuncia menos de tres meses después de los atentados del 11 de septiembre, momento a partir del cual, como el propio Cavallo explicara, “dejamos de tener interlocutores en Washington”.

Quienquiera conocer la verdad debe saber que el “corralito” no fue la atrocidad que se quiso hacer creer y que la devaluación salvaje y la cesación de pagos no eran inexorables. Había otras alternativas ordenadas y menos costosas para la sociedad. Por ejemplo, concluir el canje de deuda pública y mantener la convertibilidad con un nuevo tipo de cambio (1). Por increíble que parezca, creo que pesó más el egoísmo de Duhalde, que no quiso dejar pasar su oportunidad de decir en el Congreso “la convertibilidad no existe más”.

A lo largo de la crisis que atraviesa España, muchos son los que temen que aquí también se aplique un “corralito”. Sin embargo, como se desprende del relato anterior, las similitudes entre el contexto argentino de 2001 y el de España de 2011 son escasas. Repasemos:

1. Hay una diferencia básica que se refiere al tamaño de ambas economías y al nivel de desarrollo alcanzado.
2. España tiene aún una elevada calificación de crédito, (“AA-”, la cuarta más alta), mientras que Argentina contaba apenas con una de “B –” (12 escalones por debajo de la de España y sólo 5 por encima de la cesación de pagos).
3. No existe desconfianza en el sistema financiero español, que cuenta con entidades rentables y solventes, con negocios diversificados geográficamente, algo que no se daba en Argentina. Los problemas de las cajas de ahorro, que en gran medida están siendo resueltos mediante fusiones, no alcanzan para aumentar las semejanzas. En todo caso, bancos y cajas tienen un problema en sus activos (morosidad) pero no en sus pasivos (depósitos).
4. Si bien tanto Argentina en 2001 como España ahora no contaban con la posibilidad de emitir moneda, España sí cuenta con un respaldo financiero amplio por parte del Banco Central Europeo, mientras que Argentina carecía de un apoyo similar.
5. Uno de los detonantes de la crisis fue la negación del Fondo Monetario Internacional a realizar un desembolso al cual se había comprometido: la dirigencia del FMI creyó que “dejar caer” a Argentina serviría de advertencia a terceros países. Aunque más no sea por su tamaño y las repercusiones para la economía mundial, es impensable que alguien tenga interés en “dejar caer” a España.

La conclusión es clara: al día de hoy puede afirmarse que el dinero de los ahorradores españoles está a buen resguardo en las entidades financieras de nuestro país y no hay nada que sugiera la próxima imposición de restricción alguna a la libre disponibilidad de los ahorros. Ni siquiera por 90 días.

.

(1) Recuérdese que ya estaba aprobada la ley de convertibildaid bimonteria, que entraría en vigor cuando el euro y el dólar cotizaran a la par, cosa que recién ocurrió en julio de 2002. Una alternativa hubiese sido adelantar la vigencia de dicha ley, estableciendo que cada peso argentino equivaliera a 40 centavos de dólar más 40 céntimos de euros. En aquel momento, eso hubiese significado devluar el peso cerca del 20%. Esa devaluación reducía la cantidad de reservas necesarias para respaldar al peso, habiéndose podido utiliar las reservas excedentes para el pago de la deuda pública.

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3 comentarios Add your own

  • 1. Podemismo y kirchnerismo | Freiheitreich  |  16 febrero 2016 en 20:49

    […] el ala alfonsinista de la UCR y el peronismo de Duhalde. En diciembre de 2001, tras anunciar el “corralito”, De la Rúa […]

  • 2. pABLO  |  1 diciembre 2011 en 16:41

    los activos son el dinero que los bancos y cajas han prestado a particulares, empresas y poderes públicos y que, por tanto, le debería generar una rentabilidad. El problema viene de que muchos préstamos no se les devuelven y el dinero que se había prestado se esfuma.
    Los pasivos son el dinero que deben esos bancos y cajas, vamos, que viene casi a ser lo que los ahorradores han depositado en las cajas y bancos. Los ahorradores tienen mucho dinero depositado, de momento, y no ha habido retirada masiva de sus ahorros de las cuentas de bancos y cajas.

  • 3. HMG  |  30 noviembre 2011 en 19:19

    Me ha parecido maravilloso el artículo, dado que tenía 13 años cuando pasó y uno a esas edades no se enteraba mucho del asunto. Es muy triste que las medidas necesarias y las populares no van siempre de la mano. Las diferencias de la calificación de la deuda me parecen abismales.Me gustaría que me aclararas aquello de que los bancos y cajas tienen problemas en sus activos y no en sus pasivos.
    Saludos y enhorabuena por el post y por el blog

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