Mitos económicos españoles: la importancia del consumo y de los estímulos al crecimiento

13 enero 2012 at 15:14 2 comentarios

¿Qué significa que una economía “crece”? En términos algo técnicos, una economía crece cuando su PIB (Producto Interior Bruto, es decir, la suma de toda la producción de mercaderías y servicios finales) aumenta. En términos más simples, la economía crece cuando aumenta la producción.

¿Por qué crece una economía? En última instancia, en una economía donde prevalece el sector privado, eso ocurre porque hay empresas (multinacionales, grandes, pequeñas, autónomos) que movidas por la expectativa de una ganancia, invierten capital. Es decir, porque hay empresas que arriesgan su dinero, lanzándose a producir mercaderías y/o servicios, porque creen que eso les permitirá obtener un beneficio.

Todo lo anterior es elemental, como podría atestiguar cualquiera que haya hecho un curso básico de Economía. Sin embargo, lamentablemente, es suficiente para desmentir opiniones que todos los días leemos o escuchamos en medios masivos de comunicación. Me voy a referir a dos de los casos más habituales:

1. No es verdad que el consumo sea lo que mueve la economía. Un ejemplo extremo permitirá comprender este punto: si el consumo aumenta, pero todo el incremento del consumo se satisface con importaciones, la producción local no habrá aumentado y por lo tanto la economía no habrá crecido. Sí habrán crecido las economías de los países que exportaron las mercaderías consumidas. Del mismo modo, si la producción local crece para realizar exportaciones, el PIB podrá crecer aunque el consumo disminuya (siempre que el aumento de las exportaciones supere la caída del consumo). En suma, lo relevante es la producción, sin importar si ésta luego se destina al consumo, a la inversión o al mercado externo.

2. No es verdad que los estímulos que pudiera poner en marcha un gobierno sean necesarios para que la economía crezca. Aunque parece una lección olvidada, la historia reciente de España es elocuente al respecto: el Plan E, la ayuda a la compra de automóviles, la deducción de 400 euros y los incentivos fiscales para reformar viviendas son algunos ejemplos de los muchos “estímulos” que el gobierno de Zapatero decidió para “impulsar” la economía. Como todos sabemos, el fracaso fue rotundo. El motivo fue que España dejó de ser un lugar apetecible para invertir y las empresas dejaron de encontrar oportunidades de inversión rentables. Así, los “estímulos” no sólo no lograron su cometido sino que generaron una deuda pública (13.500 millones de euros sólo en el caso del Plan E) cuyos intereses ya estamos pagando. Para peor, el aumento exagerado de la deuda pública que provocaron estos “estímulos” es lo que explica el incremento de la prima de riesgo. No niego que en momentos puntuales, estímulos bien diseñados (no como los antes aludidos) puedan resultar útiles. Sí niego que sean imprescindibles para que una economía se recupere.

¿Cómo es posible que una economía estancada se recupere sin “estímulos”? Esencialmente, creando las condiciones para que surjan oportunidades de inversión. En la España actual eso se traduce, entre otras cosas, en reducir costes (reforma laboral, reforma energética, reforma de las Administraciones Públicas -por ejemplo, para reducir el número de ayuntamientos-, etc.), en privatizar todas las empresas públicas (Loterías, AENA, la veintena de participaciones de la SEPI, empresas autonómicas, etc.), en quitar trabas (otra vez la reforma laboral, eliminación de duplicidades y controles innecesarios, etc.) y en eliminar el déficit fiscal (para ampliar el crédito disponible para el sector privado, minimizar la prima de riesgo y reducir el endeudamiento).

La gente de a pié no tiene por qué saber economía. El problema surge cuando se la confunde con la difusión de opiniones técnicamente incorrectas, pues la ciudadanía acaba demandando al gobierno medidas perjudiciales y/o incompatibles (por ejemplo, pedir más subsidios y ayudas, pero sin aumentar los impuestos ni el endeudamiento).

Cuando la economía española se normalice, no estaría mal que se buscara el modo de formar a la gente para que comprendiera, por ejemplo, qué hace el banco central, la importancia de una política fiscal prudente o las ventajas de quitar trabas a la inversión. Mucho antes, quienes informan y opinan sobre estas cuestiones en medios masivos, deberían preguntarse si cuentan con los conocimientos necesarios para ello.

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2 comentarios Add your own

  • 1. miestrado  |  1 febrero 2012 en 11:39

    Ja, ja! Gracias por tu simpático y constructivo comentario.

  • 2. o  |  1 febrero 2012 en 11:12

    No sé cómo llegué aquí, el caso es que no tienes ni idea de lo que hablas. ¿En qué facultad has estudiado? Dudo mucho que tengas una titulación universitaria en la materia, tu ignorancia te delata.

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