En qué se parece el PSOE al SPD alemán de 1950

2 julio 2015 at 11:05 Deja un comentario

… hacer una contribución y asumir obligaciones para
la defensa de Europa era muy impopular entre los alemanes.
Eso se debía principalmente a la agitación del
Partido Comunista y a comentaristas en radios y periódicos,
aún en medios considerados imparciales”.
Konrad Adenauer, Memoirs 1945-1953

Desde 1940, la Unión Soviética había ido subyugando, sucesivamente, a Lituania, Letonia, Estonia, Albania, Yugoslavia, Rumanía, Checoslovaquia, Corea del Norte, Bulgaria, Polonia, Hungría y Manchuria. Además, tenía el control de Alemania del Este.

Hacia 1950, la URSS comenzó a concentrar tropas en Alemania Oriental. Aunque formalmente se trataba de un cuerpo de “policía”, contaba con entrenamiento y armamento militar. El plan consistía en aprovechar la debilidad económica y política de Alemania Federal (que no contaba con un ejército propio pues aún estaba ocupada por EE.UU., Francia y Reino Unido) para “liberarla” y “unificarla”. Es decir, para anexionarla a la URSS.

Konrad Adenauer, que en septiembre de 1949 había sido elegido Canciller Federal (aunque con funciones limitadas por el Estatuto de Ocupación), vio con claridad que el momento era propicio para que la URSS intentara invadir Alemania. El país recién empezaba a reconstruirse. La población solo deseaba la paz. En Francia había desconfianza hacia Alemania, por lo que se oponía a la creación de un ejército alemán.

Adenauer entendió que la única forma de evitar la invasión soviética era uniendo a Europa Occidental. Por eso no tardó ni un minuto en aceptar el plan Schuman (embrión de la actual UE) y propuso la formación de un ejército europeo.

El Partido Comunista, que tenía diputados en el parlamento de Alemania Federal, hacía una campaña permanente contra la ocupación de EE.UU., Francia y Reino Unido (olvidando tanto las ayudas del Plan Marshall como que estaban allí porque habían liberado al país de la locura nazi).

En ese contexto de amenaza soviética, la falta de visión de unos comentaristas y la falsa independencia de otros contribuyó a poner en riesgo el futuro de Alemania. Los “tontos útiles” del Partido Social Demócrata (SPD) retaceaban su apoyo al gobierno, con lo que eran funcionales a los intereses soviéticos. El SPD votó en contra del ingreso de Alemania al Consejo de Europa y dudaba de la conveniencia de una contribución alemana a un ejército europeo. Un diputado socialista dijo en Munich: “es mejor para los alemanes estar sentados sanos y salvos en casa, aún bajo dominación bolchevique, que con los huesos rotos en una trinchera”.

Sabemos que la historia anterior tuvo un final feliz. Aunque hubo que esperar casi 40 años más, la URSS cayó por el error de pretender establecer un sistema contrario a la naturaleza humana. Alemania es un país próspero y fuerte. El SPD entendió sus errores del pasado y hoy es capaz de formar “grandes coaliciones” con los mismos a los que negó su apoyo en horas decisivas.

España hoy no tiene la amenaza de una invasión extranjera. Sin embargo, hay varios puntos en común con la Alemania de 1950. Como entonces, los comunistas intentan asaltar el poder, con el matiz de que ahora quieren implantar un sistema “bolivariano” en lugar de “bolchevique”. Saben que son una minoría, pero el hastío de una sociedad golpeada por años de crisis les da una oportunidad única. Como en Alemania, medios en teoría independientes abonan cada día el terreno para facilitar el éxito de la izquierda radical. Otros medios no alcanzan a ver la amenaza, por lo que no la combaten. Los socialistas ejercen su papel de “tontos útiles”, dando el poder a los neocomunistas en ciudades importantes pese a que fueron derrotados en las urnas.

También hay diferencias. España no cuenta con la ayuda de EE.UU. ni del Reino Unido ni está gobernada por Adenauer. Para peor, hay oportunistas (nacionalistas) dispuestos a pactar con el neocomunismo para satisfacer sus propios intereses.

Este año será crucial. Al igual que Venezuela en 1998, España puede caer en la ingenuidad de creer a unos damagogos que prometen una “regeneración” cuando solo quieren hacerse con el poder y perpetuarse en él (como siempre hicieron los comunistas; ver el vídeo adjunto en el que Chávez, en 1998, miente sin rubor sobre sus intenciones).

Pese a los demagogos, los “tontos útiles” y los oportunistas, los ciudadanos que queremos defender nuestro sistema de libertades aún contamos con un instrumento capaz de frenar la amenaza neocomunista: nuestro voto. Aprovechémoslo.

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